Todos los rincones del granero le devolvían la imagen de un chiquillo rubio, delgado y algo mal vestido, pero animoso y vivaz, siempre dispuesto a emprender nuevas aventuras, siempre con una sonrisa en los labios y con un brillo travieso en la mirada. Habían crecido juntos. Él era su mejor amigo.
-Estoy haciendo esto por tí, amigo mío...-susurró.
Porque para ella la vida eran todos esos sacrificios, por él y por todos sus amigos.
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